Ed Sulliband


viernes, 8 de mayo de 2009

¿Quién sabe lo que es la realidad?

El final de la novela

En aquella oscura habitación, alumbrado solo por un velador, puso el punto final a su novela. Su alegría era incomparable y su orgullo inmenso. Releyó el último párrafo en voz alta, admirado por el perfecto cierre que le había dado a tan apasionante historia:

Ella caminó por la extensa pradera, el sol del amanecer acariciaba sus dorados rizos y refulgían la empuñadura de su espada. Atrás quedaban las batallas y las desdichas, las noches de insomnio y los días de ayuno. Sus huellas marcaban un final para la guerra en donde tanta sangre se había derramado. Se detuvo y sonrió mirando al cielo, una lágrima rodó por su mejilla y se quitó el yelmo, ahora sólo faltaba cruzar aquella verde colina y volver a ver a su amado. La recibirían como la heroína que era con vítores y pétalos de rosas, pero a ella lo único que le importaba era volver a verlo. Dejó caer el yelmo en el suelo, ya no lo necesitaría, y con una amplia sonrisa en el rostro caminó con el sol protegiendo su espalda.”

Al pronunciar la última palabra suspiró satisfecho. Muchos años había tardado en darle forma a aquella historia, y finalmente ahora llegaba a su final. Pensó en la sorpresa que le daría a su editor cuando le cuente la noticia, ya que todos en el mundo esperaban el desenlace de aquella historia. Imaginó su libro en las bateas de todas las librerías del mundo, traducido a todos los idiomas que pudiera imaginarse. Por fin su sueño se vería cumplido.

Rompió el lápiz con el que escribió las últimas palabras para desaparecer la magia que allí había anidado. Guardó el borrador de la novela en su portafolios y se puso de pie. No podía esperar más tiempo, debía contarle a su editor que había terminado. Apagó la luz del velador y el estudio se sumió en la absoluta penumbra, tomó el portafolio y abandonó la habitación. Caminó hasta la cocina y mientras bebía una taza de café le echó un vistazo a las noticias del diario del día anterior. Impaciente miró el reloj que marcaban las nueve y media de la mañana, tomó las llaves de su auto, le dio un último sorbo a su café y caminó hasta la puerta. Se acomodó el traje antes de salir.

Al abrir la puerta el sol le dio de lleno en sus ojos, lo que lo obligó a entrecerrarlos un poco para que no lo encegueciera, y cuando su visión se acostumbró a la luz del amanecer, observó con asombro que descendiendo por la colina de la extensa y verde pradera que se presentaba frente a él venía ella con sus rizos dorados, su espada enfundada y una amplia sonrisa en su rostro...

jueves, 9 de abril de 2009

Un gran regalo

Hoy recibí una noticia muy grata:
Mi relato fue elegido por el Cardenal Farenas para formar parte de un Cuento Compartido que constará de 12 capítulos.
Mi aporte será el primer capítulo del cuento, y sin dudas estoy muy agradecido con el jurado que no sólo se tomó el tiempo para leer mi relato, ¡sino que también lo eligió!
En fin, muchas gracias, y acá va entonces el primer capítulo del cuento "Las aves al morir van al suelo":


Capítulo 1

Detestaría perder la admiración que había conseguido deshonestamente, pero algo le decía que ellos sospechaban de su inexperiencia para volar. Tal vez era por sus ojos abiertos como dos soles, por su pico apretado, por su mirada un tanto extraviada, por los movimientos poco gráciles que hacía con sus alas o por sus intermitentes desmayos. No sabía por qué sospechaban, y eso le pareció extraño, y también le pareció extraño que el suelo se le esté acercando a toda velocidad.

Matías "Darson Joyce" Añino.


Nuevamente muchas gracias.

lunes, 23 de marzo de 2009

Te regalo las luces que verás al cerrar tus ojos...



...Es que hay tanto ruido blanco que no puedo oírte, tanta gente vulgar que no puedo verte, tantos sueños derrumbados que no puedo despertarte, tantas flores ajenas que ninguna puedo darte...

Through the rainbows
Ya no es más oscuridad,
(revelión de los colores)
dictadura hay en mis ojos,
y en mis sueños no hay sabores.
Amanece en nuestro cosmos,
con un cielo de magenta,
Y hacen sombras los albores,
para ver si así te encuentra.
Pero hay luz en la penumbra,
coloreando confusiones,
una luz que todo alumbra,
en un marco sin razones,
y es que hay tanto alrededor,
tanto ruido de explosiones,
tantos gritos de penurias,
que no se oyen tus canciones.

lunes, 16 de marzo de 2009

Si, soñé que te amaba...

...pero al despertar eras tan real como el negro de tus ojos, tan profundos, tan brillantes, tan absorbentes...



En mis sueños ya no estabas.
Me miraste una y mil veces,
y otra más, y nuevamente.
Y tus ojos parecían ser tan fuertes
que en silencio me quedé.
Mientras tanto me mirabas,
y yo sin saber por qué,
caminando me marché.
Y pensando en tu mirada,
en tus ojos, y en mi nada,
me traté de convencer,
que tal vez será mañana,
o tal vez no vuelva a ser.